La reciente puesta en marcha de una nueva regulación nacional para promover la lectura pública marca un paso decisivo en el esfuerzo de China por convertir el hábito lector en una práctica cotidiana integrada en la vida social. Bibliotecas como la del distrito de Chaoyang, en Beijing, se han consolidado como espacios esenciales para los residentes, con salas frecuentadas a diario por jóvenes y adultos que encuentran en ellas un entorno propicio para la concentración y el estudio.
La normativa, que entrará en vigor el 1 de febrero de 2026, establece un marco amplio para fomentar la lectura en todo el país. Consta de seis capítulos y 45 artículos, y tiene como objetivos impulsar la lectura a escala nacional, fortalecer el nivel cultural, científico y moral de la población, elevar el grado de civismo social y contribuir al desarrollo de una cultura socialista sólida.
Más allá de las bibliotecas tradicionales, el reglamento subraya la importancia de diversificar los espacios de lectura, incorporando salas comunitarias, centros culturales y nuevos espacios públicos adaptados a las necesidades de la ciudadanía. A finales de 2024, China contaba ya con miles de bibliotecas públicas, decenas de miles de centros culturales y un número creciente de espacios culturales innovadores que facilitan el acceso a la lectura en el día a día.
En paralelo, las instituciones culturales están apostando por experiencias de lectura más inmersivas y creativas. En distintas ciudades, algunas bibliotecas combinan la lectura con actividades vinculadas al patrimonio cultural inmaterial, el arte o la música, transformándose en auténticos «salones urbanos» donde los libros dialogan con otras expresiones culturales.
La regulación también impulsa el uso de nuevas tecnologías para ampliar el alcance de la lectura. La digitalización de contenidos, la creación de productos interactivos y el desarrollo de servicios adaptados a colectivos específicos —como personas mayores o con dificultades visuales— buscan reducir barreras y garantizar que la lectura sea accesible para todos. El fomento de formatos como audiolibros, ediciones de gran tamaño, braille y versiones electrónicas forma parte de esta estrategia de inclusión.
Al mismo tiempo, el sector editorial se ve llamado a priorizar la calidad y la diversidad de los contenidos, desarrollando materiales adecuados para distintos grupos de edad y necesidades, y reforzando la renovación de los fondos disponibles en bibliotecas y espacios públicos.
En conjunto, la nueva regulación no solo amplía infraestructuras o introduce herramientas tecnológicas, sino que redefine la lectura como un elemento orgánico de la vida cotidiana, integrándola en comunidades, espacios urbanos y rutinas diarias, y sentando las bases para una sociedad en la que los libros formen parte natural del entorno social.
Fuente: https://espanol.cgtn.com









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